Para algunos es la capital cultural de Europa, por su ritmo trepidante de veinticuatro horas en lo que a vida cultural se refiere.
La ciudad de Berlin, ha sufrido grandes cambios después de la caída del muro. Como símbolos de este periodo nos encontramos:
La Puerta de Brandeburgo, emblema de la ciudad y símbolo de la división superada de la ciudad, se encontró en la tierra de nadie directamente en el “Muro de Berlín”. Después de la caída del muro, la puerta se abrió nuevamente el 22 de diciembre del año 1989. La iglesia memorial Kaiser-Wilhelm en la calle Kurfürstendamm es un monumento conmemorativo por la paz y la reconciliación y símbolo de la reconstrucción de Berlín en la época de la posguerra.
El Reichstag es sede del Parlamento alemán y una gran atracción popular con su nueva cúpula transitable, obra del arquitecto Sir Norman Foster. La Cancillería Federal es uno de los imponentes edificios en el nuevo barrio gubernamental. La gran construcción blanca es parte del proyecto "Bandes des Bundes", que une los nuevos edificios y además está en dialogo arquitectónico con edificios históricos del Reichstag.
El Museo de Pérgamo, el Antiguo Museo, la Galería Nacional, el Museo Bode y el Museo Nuevo son considerados por la UNESCO como monumentos de la humanidad. Ellos son la herencia cultural del siglo XIX , la época de la curiosa burguesía y de la razón. Las edificaciones en la Isla de los Museos, a orillas del río Spree muestran únicas colecciones arqueológicas y artísticas.
Las construcciones de la residencia veraniega de Federico II de Prusia abarcan casi 500 hectáreas de jardines y 150 edificios. Los castillos y parques de Potsdam-Sanssouci y Berlín han sido declarados patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO. En la zona de Berlín están incluídos la finca Glienicke y la Isla de los Pavos Reales.
El príncipe Carlos de Prusia (1801-1883) volvió de su primer viaje por Italia en 1823, completamente entusiasmado. A partir de entonces, soñaba con una residencia veraniega italiana de estilo antiguo. En 1824 compró la finca Glienicke, que transformó el maestro jardinero Lenné, siguiendo la línea de un jardín inglés. Federico Schinkel construyó el castillo en la primera mitad del siglo XIX para cumplir el sueño del príncipe.
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